Nutrición: beneficios de la dieta mediterránea

Se compone básicamente de frutas, verduras y legumbres.

¿Quién no ha escuchado hablar de los beneficios de la dieta mediterránea? Seguro que ya sabes que este tipo de nutrición que evita la obesidad, mejora nuestra salud cardiovascular, aumenta la esperanza de vida, reduce los niveles de colesterol.

Sin duda, es una de las mejores dietas que existen y de las más completas. No obstante, a veces nos cuesta seguirla debido al ritmo de vida frenético que llevamos y a la falta de tiempo para cocinar y para planificar nuestras comidas.

¿Qué alimentos componen la dieta mediterránea?

En este tipo de dieta son básicas

  • Las frutas: se recomienda sobre todo consumir cítricos como naranjas, limones, manzanas, melón, sandía, uvas,…
  • Las verduras de todo tipo.
  • Las legumbres
  • Los cereales
  • Los frutos secos.
  • El aceite de oliva, que puede ser la principal fuente de grasa.
  • El pescado.
  • Y en cantidades más moderadas, los huevos y la carne de ave.

Como podéis comprobar, se trata de una dieta muy variada, lo que hace de ella una de las dietas más beneficiosas para la salud.

Y eso es debido a que sus grasas provienen sobre todo de alimentos que aportan grasas saludables, como las del aceite de oliva o las del pescado (omega-6 y omega-3). Además, es una dieta rica en antioxidantes naturales y en fibra.

¿Necesitas más razones para cambiar tu alimentación? ¿No sabes si lo estás haciendo correctamente? Acude a nuestro nutricionista y te asesorará sobre la mejor dieta en tu caso concreto.

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Claves para convivir con el colon irritable

Algunos de sus síntomas son la diarrea, los gases o el dolor abdominal.

El Síndrome del Intestino Irritable (SII) es un trastorno gastrointestinal que afecta al colon y que se caracteriza por un cambio en el hábito de las defecaciones, además de dolor abdominal. Algunos de los síntomas más habituales son: diarrea, estreñimiento, dolor abdominal, cólicos, gases, moco en las heces.

Este síndrome se puede dar a cualquier edad y es más frecuente entre las mujeres. Puede condicionar mucho a los pacientes, ya que en ocasiones les impide llevar una vida normal. De ahí que el tratamiento se dirija sobre todo a aliviar los síntomas con cambios de estilos de vida.

Algunas de las claves que te harán sobrellevar mejor la enfermedad son las siguientes:

  • Sigue a rajatabla las recomendaciones de tu nutricionista. Evita las comidas copiosas. Es preferible comer más veces al día, pero con menos cantidad. Come despacio y mastica bien los alimentos, para facilitar la digestión.
  • En el caso de que detectes que hay algún alimento que desencadena los síntomas, consulta con el nutricionista o especialista en digestivo, para considerar eliminarlo de la dieta.
  • Evita las bebidas con gas o los alimentos que te provoquen gases.
  • Productos como el café, la bollería industrial, o los zumos envasados no son recomendados en este tipo de pacientes.
  • Mantente correctamente hidratado. Bebe al menos 2 litros de agua al día.
  • Limita el consumo de fructosa (el que se encuentra en la fruta de forma habitual), porque también produce gases.
  • Evita las situaciones de estrés o emocionales que puedan empeorar tu estado.
  • Toma la medicación que te recete el médico para paliar los síntomas.

El riesgo de cáncer aumenta en mujeres con sobrepeso

También tienen más riesgo de sufrir diabetes tipo 2, presión arterial alta o enfermedades cardiovasculares.

Las personas con obesidad tienen demasiada grasa en el cuerpo, y por eso tienen mayor riesgo de desarrollar problemas de salud como la diabetes tipo 2, presión arterial alta o enfermedades cardiovasculares. Además, se ha descubierto que estas personas también tienen un mayor riesgo de sufrir cáncer.

Los motivos que pueden llevar a ello son:

  • El aumento de los niveles de insulina.
  • La inflamación crónica de nivel bajo, relacionada con el aumento de muchos casos de cáncer.
  • Cantidades más elevadas de estrógenos, que hacen crecer el riesgo de cánceres como el de mama o endometrio.
  • El número alto de células grasas que producen un crecimiento de las células cancerosas.
  • La pérdida de peso y recuperación de forma repetida también puede ser un factor desencadenante.

Los tipos de cáncer más asociados al sobrepeso son el de mama, el de colon, de útero, riñón, cuello y cabeza, esófago, páncreas, endometrio, próstata, vesícula biliar o tiroides.

Los expertos recomiendan mantener un peso saludable. Para ello, se deben seguir unas normas alimenticias que ayudarán a conseguir el peso deseado (comer fruta, verduras, proteínas magras y grano integral, limitar los alimentos y bebidas con mucho azúcar). Por supuesto, la actividad físicas es muy importante para completar la dieta alimenticia; entre 30 y 60 minutos de ejercicio moderado diario puede ser suficiente.

A veces, los cambios nutricionales y de actividad física no son suficientes, porque el sobrepeso de debe a otros factores como los genéticos, hormonales, ambientales, emocionales,… En este caso, acudir a un nutricionista experto en estos temas, te ayudará a determinar tus necesidades concretas.

Dieta SIN gluten, solo para quienes lo necesitan

La moda de las dietas sin gluten llega cada vez a más personas

Llevar una dieta sin gluten se ha convertido en una moda que siguen millones de personas en el mundo. Incluso muchas celebrities proclaman a los cuatro vientos que son seguidores de este tipo de dieta, en unos casos por salud y en otros para perder peso.

En Estados Unidos se calcula que hay alrededor de 70 millones de estadounidenses que han cortado su relación con el gluten. En Reino Unido, son un 60% de los adultos.

Dentro de las intolerancias alimenticias, la enfermedad celiaca es cada vez más común. Sin embargo, esto no es suficiente para explicar la creciente popularidad de esta alimentación.

Una dieta sin gluten no hace perder peso

Esta tendencia apoya que el gluten no es solo malo para celiacos. Además, asegura que llevando una dieta sin gluten se pierde peso. Los expertos aclaran que esta teoría es falsa y que los alimentos sin gluten tienen en muchas ocasiones más calorías que sus “hermanos” con gluten, por ejemplo, una galleta normal puede tener 70 calorías, mientras que una sin gluten puede llegar a las 120 calorías.

Aseguran que la única forma de perder peso con una dieta sin gluten es basando la alimentación en productos naturales como el pescado fresco, carne, verduras y fruta.

Aunque el gluten no tiene valor nutritivo en sí mismo, cambiar tu alimentación de forma tan radical sin el asesoramiento de un especialista no es aconsejable. Dejar de ingerir gluten puede privarte de vitaminas y fibras que ayudan a mantener una nutrición equilibrada.

Si crees que puedes ser intolerante al gluten acude al alergólogo, o al nutricionista y ellos te darán todas las indicaciones a seguir para llevar una dieta adecuada, tras realizar las pruebas necesarias.